Con el chirrido de un sarcófago
se levantan mis manos hacia el teclado
y casi me sorprende que podamos sentirnos
las letras y yo,
si sólo soy el fantasma de Ilem Evlasnom.
¿Hay alguien ahí?
Que me diga qué fue de mí, qué fue de mis musas,
qué fue de Neverland y de la hechicera.
Han corrido tantas lágrimas bajo el puente
que ya la vida parece una trampa.
¡Era cierto! ¡Peter Pan tenía razón!
Crecer es una trampa.
¿Dónde está la botella de "Bébeme"
o la galleta de "Cómeme" cuando más las necesitas?
Cualquier pócima será suficiente,
que me recuerde los colores
y los sonidos del amanecer.
Cualquier pócima será suficiente
si me hace olvidar que no hay alguien ahí.
La mayor tragedia fue descubrir que lo único pero que perderme en el bosque
era perferme fuera de él.
¿Hay alguien ahí?
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